Un informe de la UCA advierte que cuatro de cada diez niños no acceden a ropa y señala las consecuencias que las carencias tienen sobre su desarrollo y su integración social.

Las dificultades económicas de los hogares continúan teniendo un fuerte impacto sobre la infancia. Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) reveló que alrededor de cuatro de cada diez niños, niñas y adolescentes viven en hogares donde sus padres no pueden comprarles ropa ni calzado.
El estudio analizó la evolución de la pobreza infantil entre 2018 y 2026 y puso el foco no solo en los ingresos de las familias, sino también en distintas dimensiones que afectan la vida cotidiana de los menores.
Según los datos relevados, la pobreza infantil llegó al 70,4% en 2024, su nivel más elevado de la serie. Aunque posteriormente registró una disminución, en 2026 todavía alcanza al 42,5% de los menores de edad. En tanto, la indigencia afecta al 9,5%.
La investigación también evaluó el efecto de las políticas de asistencia estatal. La Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar permiten reducir las situaciones más extremas: sin esos programas, la indigencia infantil subiría del 9,5% al 16,4%.
El impacto también se observa en la pobreza general. De acuerdo con la estimación del informe, si no existieran esas transferencias, la pobreza infantil alcanzaría el 47,8%, frente al 42,5% registrado actualmente.
Las carencias van más allá de la alimentación
La coordinadora del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la UCA, Ianina Tuñón, explicó que el análisis incorpora una mirada multidimensional de la pobreza. En ese marco, la imposibilidad de acceder a ropa y calzado aparece como una de las privaciones que atraviesan los chicos.
La falta de vestimenta adecuada no implica únicamente una dificultad material. Para los especialistas, también puede repercutir en la construcción de la identidad, la seguridad personal y la posibilidad de relacionarse con otros niños.
El informe advierte además sobre otras dificultades vinculadas con el desarrollo infantil. En cuatro de cada diez casos, los padres señalan problemas relacionados con el aprendizaje o falta de interés por asistir a la escuela. A su vez, dos de cada diez chicos presentan dificultades para hacer amigos o sentirse integrados a un grupo.
Estos indicadores, según el estudio, están relacionados entre sí y forman parte de un escenario de privaciones que puede afectar distintas áreas de la vida durante una etapa clave del desarrollo.
Una etapa con consecuencias a largo plazo
Tuñón destacó que la pobreza tiene un impacto especialmente significativo durante la infancia porque coincide con períodos fundamentales para el desarrollo físico, cognitivo y social.
El informe señala que los niveles actuales de pobreza infantil se encuentran en valores similares a los de 2018, mientras que la indigencia se acerca a los registrados en 2019.
La especialista remarcó que atravesar situaciones de pobreza persistente durante los primeros años de vida puede generar consecuencias difíciles de revertir posteriormente, debido a que determinadas oportunidades de desarrollo perdidas durante esa etapa no siempre pueden recuperarse en el futuro.
Los resultados vuelven a mostrar así que la pobreza infantil no se limita a la falta de ingresos: también se expresa en el acceso a bienes básicos, la educación, los vínculos sociales y las condiciones necesarias para un desarrollo integral.
















