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La escuela es el termómetro que marca el nivel de estrés y ansiedad

12 de octubre , 2021 - 9:06:am

«Si no estamos bien emocionalmente, no podemos aprender»
Los efectos que comienzan a observarse como consecuencia de la pandemia de COVID-19 en la salud mental y el bienestar de los niños, niñas y adolescentes podrían ser sólo la punta del iceberg, según alertaron desde Unicef en un reciente informe. Las secuelas, advierten los que saben, podrían prolongarse durante muchos años.

Henrietta Fore es directora ejecutiva de Unicef y a propósito del último trabajo presentado por el organismo resaltó: “Las consecuencias del COVID-19 tienen un gran alcance, pero son sólo la punta del iceberg. Incluso antes de la pandemia ya había demasiados niños abrumados por el peso de una serie de problemas de salud mental a los que no se les había prestado atención. Los gobiernos están invirtiendo muy poco para atender estas necesidades esenciales. No se está dando suficiente importancia a la relación entre la salud mental y las consecuencias que se producen más adelante en la vida”.

Y al parecer, fue el regreso a las clases en las aulas, que en algunas provincias, como la de Buenos Aires, recién se realizan con presencialidad plena desde el mes de septiembre, el termómetro que marcó el real estado emocional en que estaban -y están- la mayoría de los menores de edad.

En las escuelas, lo que se percibe es un aumento de casos de fatiga y angustia por las secuelas de la virtualidad y el encierro. Y mientras los niños de jardín de infantes y quienes concurren a los grados más chicos en general disfrutan del regreso pleno a las aulas, aquellos que asisten a los últimos grados de primaria y secundaria se habían adaptado con más facilidad a la virtualidad y poco querían saber de retornar a la presencialidad./INFOBAE