
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, generó controversia tras afirmar que le gustaría “tomar” Cuba, en medio del creciente deterioro de las relaciones entre ambos países.
Durante una declaración ante la prensa en la Casa Blanca, el mandatario sostuvo que sería “un honor” intervenir en la isla, aunque luego aclaró que se refería a “liberarla”, en un intento por matizar sus palabras.
Las declaraciones se producen en un contexto crítico para Cuba, que atraviesa una profunda crisis energética agravada por un apagón generalizado reciente. La situación se suma a problemas estructurales del sistema eléctrico y a la escasez de combustible que afecta al país.
El vínculo entre Washington y La Habana sigue marcado por décadas de tensiones, sanciones económicas y el embargo vigente desde la segunda mitad del siglo XX. En los últimos años, estas medidas se han intensificado, impactando en la economía y en las condiciones de vida de la población cubana.
Las palabras de Trump reavivan el debate internacional sobre la política exterior estadounidense hacia la isla y podrían generar nuevas reacciones en el escenario geopolítico regional.















